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98 millones de niños y niñas en todo el mundo están sometidos a trabajo infantil por la ganadería.

Actualizado: 6 may 2020

Un niño o niña se define como cualquier persona menor de 18 años de edad.

El trabajo infantil se define basándose en la edad del niño, las horas y condiciones de trabajo, las actividades realizadas y los peligros que conlleva.

El trabajo infantil es un trabajo que interfiere con la escolarización obligatoria y que perjudica el desarrollo personal y de la salud.


Es importante reconocer que una cierta participación de los niños en actividades que no son peligrosas puede ser positiva, sobre todo en el contexto de la agricultura familiar y otras actividades familiares rurales, ya que contribuye a la transmisión de conocimiento entre generaciones y a la seguridad alimentaria de los niños.


Alrededor de 98 millones de niños y niñas en todo el mundo están sometidos al trabajo infantil en la agricultura; lo cual incluye el cultivo, la pesca, la acuicultura, la silvicultura y la ganadería (ILO, 2013).

Esta cifra representa casi el 60 por ciento de la totalidad del trabajo infantil.

Por lo general el trabajo agrícola suele ser peligroso, como lo demuestran los índices de mortalidad, accidentabilidad y enfermedades profesionales.

Los niños son los más vulnerables a estos riesgos.


El sector ganadero es uno de los segmentos de crecimiento más rápido de la economía agrícola, llegando a representar un 40 por ciento del valor global de la producción agrícola (FAO, 2009a).


Además, la ganadería constituye como mínimo una fuente parcial de ingresos y seguridad alimentaria para la mayoría de la población pobre de las zonas rurales, que no tienen otras opciones (FAO, 2009b).


En los países en desarrollo, la cría de ganado tiene raíces históricas y culturales profundas, y es muy común que los niños tomen parte en esta actividad, desde muy temprana edad.

Tanto las niñas como los niños participan en actividades ganaderas.

Por lo general, comienzan con el pastoreo y el cuidado del ganado a una edad muy temprana (4-7 años).


Aparte del pastoreo, los niños y niñas intervienen en la alimentación y la limpieza de los animales, la recogida de forraje y agua y el trabajo con animales de tiro para la labranza.


En todo el mundo hay informes que revelan que los niños y niñas también trabajan en la producción avícola (en granjas y en la explotación familiar), la producción de lácteos, EN LOS MATADEROS y en otras actividades de elaboración de carne, aunque la información sobre la magnitud y las zonas de incidencia es extremadamente limitada.


Cuando todavía son muy pequeños, no hay mucha diferencia entre las actividades de los niños y las niñas. Sin embargo, a medida que los chicos van creciendo se ocupan en mayor medida del pastoreo, mientras el cuidado de los animales es una tarea que ejercen tanto ellos como ellas.


Las condiciones de trabajo de los niños que toman parte en las actividades de pastoreo varían enormemente de un contexto a otro. Mientras que algunos niños se dedican a esta actividad pocas horas a la semana, otros lo hacen durante días enteros, soportando grandes variaciones climáticas, situaciones de aislamiento, una carga física y mental y la exposición a entornos peligrosos.

Los niños trabajan generalmente para un empleador o para sus familiares.

Los niños pastores que trabajan fuera del hogar son los más vulnerables a la explotación y el abuso verbal/físico de los empleadores.


Estos niños pueden incluso llegar a endeudarse cuando se ven obligados a compensar las pérdidas de ganado y la destrucción de cultivos. Especialmente preocupantes son las situaciones en que los niños están atrapados en trabajos en condiciones de servidumbre o son objeto de trata para desempeñar tareas de pastoreo dentro y fuera de las fronteras del país. Niños en trabajos peligrosos.


Los niños son más vulnerables que los adultos cuando están expuestos a los riesgos profesionales propios del trabajo con ganado.

Los problemas de salud pueden ser el resultado de trabajar durante muchas horas en condiciones climáticas extremas, una higiene y un saneamiento deficientes, el uso de productos químicos como los desinfectantes, la inhalación de polvo de ganado y la transmisión de enfermedades de animales a humanos.