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Las personas veganas NO salvaremos al mundo… Solas

Si llevas en el veganismo algún tiempo seguramente alguien te ha preguntado: “¿por qué los veganes comen aguacate y algunas otras plantas que devastan ecosistemas, eso no les preocupa?” Verdaderamente que sí nos preocupa y nos ocupa, aunque de esa pregunta lo que más intranquiliza es la referencia implícita a que dicho daño medioambiental solo es responsabilidad de las personas veganas, excluyendo a las no veganas.


Vamos a ver, de acuerdo a las estimaciones más recientes de las Naciones Unidas, para noviembre del 2022 la población mundial llegará a los 8 mil millones. En lo que respecta a las personas veganas se calcula (WTVOX, 2021) que de ese total, sólo el 1 por ciento es considerada como tal (incluyen los vegetarianos y plant-based). Es decir que siendo optimistas habemos mundialmente 800 millones de personas veganas respirando.



El aguacate de la discordia



Uno de los temas controvertidos es el aguacate, su impacto ambiental y la conflictiva social que ha generado su demanda en las comunidades productoras. Basándonos en los datos estadísticos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y Avocado Market Share (2020-2021) en 2020 la producción mundial total estimada de aguacates fue de 8,059,359 toneladas métricas (cada tonelada métrica equivale a mil kilogramos), México fue el mayor productor y uno de los dos principales consumidores junto a Estados Unidos, sin embargo, la demanda global se incrementa año con año en Europa, Nueva Zelanda, Japón y Holanda, entre otras naciones.


Viéndolo con objetividad y utilizando el método de la deducción -y el sentido común-, si las personas vegan son el uno por ciento de la población mundial y el 99 por ciento son no veganes, ¿qué segmento poblacional es el que demanda más de este fruto? y ¿por qué entonces se responsabiliza a las personas veganas por los efectos colaterales de la euforia por el aguacate?, ¿acaso ese 99 por ciento no tiene su rol protagónico en la ley de oferta y demanda y por ende debería tomar acción?



¿Qué implica para el medio ambiente que comamos aguacate?


Ciertamente el guacamolito, los cuadritos de aguacate en nuestros frijolitos negros o las quesadillas de flor de calabaza con este fruto de origen prehispánico son una delicia, además su producción es un negocio muy rentable para muchas familias del país, pero tiene un lado oscuro. La falta de regulación del gobierno fomenta la tala ilegal de árboles y el cambio de uso de suelo para sembrar aguacate en estos terrenos. Démonos una idea, el Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias estima que cada año se pierden entre 600 y mil hectáreas de bosque con el propósito de plantar aguacates.


Por otro lado, tenemos también el tema del agua, pues se necesitan un promedio de 2 mil litros de líquido vital por kilo de aguacate, lo que afecta a las comunidades cercanas a las plantaciones. Al respecto de este tema, el ambientólogo Carlos Olivares comenta que “los enormes daños ambientales del aguacate lo son por el modo de producción y no por el cultivo en sí. Podría cultivarse maíz, frijol o lo que sea, pero si se hace en monocultivo latifundista como con el aguacate, será siempre un desastre ambiental y social. Este modelo roba el agua y la tierra de los campesinos, envenenan a sus trabajadores, los intermediarios se quedan hasta 70 por ciento de las ganancias y se deforesta a diestra y siniestra”.



Por su parte, Claudia Escorza coordinadora de comunicación en la ONG The Humane League, cuya misión es “poner fin al abuso de los animales para consumo”, plantea que en la producción de alimentos y su impacto negativo sobre el medio ambiente y las comunidades es un tema de interés que debería concernir tanto a veganes como a no veganes. “Todos debemos preguntarnos qué industrias y prácticas estamos financiando. Si tomamos el ejemplo del aguacate, los expertos de esa industria coinciden en que boicotear su consumo no es la respuesta, sino presionar por un sistema de certificación y regulación de las prácticas agrícolas. Si bien requeriría de grandes esfuerzos globales de consumidores y empresas, hay una luz al final del túnel. No se puede decir lo mismo sobre la carne ni otros productos animales, pues no hay regulación alguna que pueda convertir la matanza innecesaria de miles de millones de animales al año en una práctica ética ni sostenible”.


El aguacate no es el principal culpable del efecto invernadero



Alejándonos de las implicaciones éticas que conlleva la crianza de animales para consumo humano y haciendo una pausa con el aguacate, revisemos los datos duros y su protagonismo en el calentamiento global. En todo el proceso de dicha actividad se generan emisiones de gases efecto invernadero a la atmósfera. Desde la gran cantidad de alimentos necesarios para criar y crecer a las vaquitas y demás especies, lo cual exige hoy en día el 83 por ciento de las tierras destinadas al cultivo y trae como efecto secundario a la deforestación; un ejemplo es el bosque del Amazonas que de acuerdo a datos de la Escuela de Estudios Forestales y Ambientales de Yale, la ganadería sigue siendo el principal impulsor y responsable del 80 por ciento de la misma.


Y si el cambio de uso de suelo no bastara, se impulsa la producción de alimentos animales utilizando fertilizantes y quemando combustibles fósiles, esto libera hasta 41 millones de toneladas métricas de dióxido de carbono por año, a lo que le sumamos las emisiones de los procesos digestivos (gases y popo) de dichos seres vivos, pues estos equivalen al 39 por ciento de la huella de gases de efecto invernadero de los animales de granja. Es decir, los 3, 500 millones de toneladas de estiércol anuales que contaminan los ríos y deterioran el clima es un número que seguirá en aumento mientras se continúe consumiendo carne animal.


La ambientóloga, chef y líder de opinión en redes sociales Annie Bueno opina al respecto de la corresponsabilidad alimenticia de los veganes y no veganes, “es importante como veganes tener la consciencia de las consecuencias de nuestras decisiones, pero tampoco podemos abarcar todo. La tarea de los no veganes es también concientizarse, reducir su consumo de alimentos a base de animales porque el nivel de devastación del planeta va más allá de lo que nos hace sentir cómodos o de lo que nos da placer al paladar. El cambio de alimentación a base de plantas es la manera eficiente de ponerle freno a la velocidad en que se está destruyendo el planeta”.



Pero, ¿y el aguacate?


Volviendo a nuestra fruta en discordia, ¿somos las personas veganas las principales culpables de la devastación causada por la siembra de esta? La respuesta es NO, pues como revisamos arriba, somos una minoría poblacional, sin embargo, sí compartimos la responsabilidad con quienes no practican el veganismo.



“Les veganes buscamos un sistema alimentario basado en plantas, como lo recomiendan la Organización Internacional del Trabajo, o el Panel Internacional de Cambio Climático (IPCC). Y un sistema así debe necesariamente basarse en agroecología (producir sin venenos) y una reforma agraria (que la tierra sea de quienes la trabajan, y no de latifundistas). Como se vio en Petorca, Chile, donde la región fue devastada por el monocultivo de aguacate, y ya no queda agua, ni tierra fértil, ni biodiversidad, lo único que se puede producir es ganadería de subsistencia y esta es la expresión más acabada del capitalismo en el campo”, concluye sobre el tema el ambientólogo Olivares.

Por su parte, Annie y Claudia coinciden en que no es el aguacate quien nos tiene inmersos en una crisis climática, sino las industrias de la explotación animal para alimento “son las más dañinas, por lo que quitar estos productos de nuestro plato debería encabezar la lista de acciones a emprender para cualquier persona preocupada por un consumo ético y lo más sostenible posible” e insisten en que “el dejar de comer animales es una manera muy eficiente que disminuiría, en gran medida, el deterioro ya generado por los y las seres humanes”.



Hago hincapié en que las personas veganas no somos mujeres maravilla ni supermanes para que al “dejar de comer aguacate” vayamos a acabar, como por consecuencia, con el impacto de la ganadería industrial, o al privarnos nosotres de la fruta verde mágicamente se vaya a contrarrestar los efectos del cambio climático. El cuidado de los ecosistemas mundiales es una misión compartida, es una corresponsabilidad y es tarea de todes, veganes y no veganes con o sin aguacates, asumirla por igual.




Referencias:

https://news.un.org/es/story/2022/07/1511502

Reporte_mercado_aguacate_070419.pdf

https://www.milliondollarvegan.com/factory-farming-and-the-environment

https://www.cowspiracy.com/



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