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No hay nada mas patriarcal que comerse a un animal: ¿Qué tiene que ver una lucha con la otra?


“No hay nada más patriarcal que comerse un animal”, finalizo mi compañera y amiga Jessica Gonzales hace un año su discurso, durante la marcha por la conmemoración del día internacional de la eliminación de la violencia en Playa del Carmen frente a mas de 100 mujeres que escuchaban en completo silencio, pero que estoy segura que en al menos una sintió que le movió al menos una fibra de todas sus células feministas.


Es un hecho que la propuesta de ampliar nuestro alcance de respeto y empatía —y hacer respetar—los derechos de los y las animales no humanos genera debates y controversias: pero en este sentido “¿qué tiene que ver la lucha feminista con la liberación animal ?, “no denigren la lucha feminista”, “veganas locas sin nada que hacer”, " comer carne no me vuelve machista" son algunos de los comentarios que se vuelven presentes—incluso en mujeres— cada vez que el tema aparece en algún lugar.


Mientras tanto la relación entre feminismo y el movimiento que rechaza la opresión y discriminación en función de la especie a la que se pertenece —el antiespecismo— está instalada y toma cada vez mayor visibilidad afortunadamente, debido a que de los 600.000 veganos en el mundo, se ha encontrado que aproximadamente 79% somos mujeres y las estadísticas coinciden en que las mujeres tienen el doble de probabilidad de cuestionar sus hábitos y cambiar sus conductas especistas.


Para Carol J. Adams —autora del libro La política sexual de la carne, feminista y activista antiespecista estadounidense— la violencia hacia las mujeres y el consumo de carne están

interconectados. Implica que la política de género es inherente a la cultura del consumo de

carne. La misma cultura que hace de la mujer un objeto de consumo es la que hace de los animales no humanos, también, objetos de consumo e incluye sentidos asociados a la virilidad.


Adams en este libro sostiene que la opresión es violencia y llevarla a la práctica implica tres instancias: cosificación de un ser para que sea percibido como objeto en vez de como ser viviente que respira, sufre, el resultado de este mecanismo es la "eliminación

o borrado" de la violencia inherente del consumo de carne, protegiendo la conciencia

de la persona que consume los músculos de otros animales, erradicando la subjetividad

de los otros animales y haciendo que estos trozos de cuerpo se conviertan en objetos inertes

que existen solo para ser consumidos.; fragmentación, así su existencia como ser completo es destruida; y consumo, tanto literal de los animales no humanos como de la mujer fragmentada mediante la pornografía, la prostitución, la violación, el maltrato.

Del mismo modo que los animales son fragmentadas —divididos en partes— para el consumo como forma de alimento, las mujeres son divididas en partes consumibles —pechos, glúteos, piernas— para su consumo como un objeto sexual separado de toda subjetividad.

Tan similar es la relación entre la explotación animal y la cultura patriarcal que muchos de los términos que se usan para designar las partes de animales para consumo son intercambiables con las del cuerpo femenino.


En palabras de Adams, cuando se viola a una mujer, su identidad pasa de ser la de un sujeto con derechos, con capacidad de decisión o de resistencia, a la de un objeto utilizado para el placer de otros. «La experiencia de muerte de los animales actúa para ilustrar la experiencia vivida de las mujeres».

No es casualidad que hoy el marketing utilizado por la industrias de explotación animal hace coincidir la identidad masculina, con una identidad de persona fuerte, activa, capaz, y a la vez con una persona que necesita imperativamente alimentarse de cuerpos de otros animales para no desligarse de dicha identidad y que los vegetales obtienen, una identidad «afeminada».


Derribar los privilegios de especie debería ser un objetivos de nuestro feminismo, nuestro mayor desafío debe ser visibilizar la opresión oculta en el sistema de explotación animal y aceptar que será muy difícil terminar con la violencia sobretodo cuando se le tiene presente todos los días en nuestro plato, cuando en tu plato hay un animal muerto.


Sí, hoy al igual que miles de mujeres mas, en el mundo saldremos a gritar “el patriarcado se va a caer” pero lo que pedimos es que caiga íntegro, con todas sus aristas explotadoras incluidas. Esa es la visión que defendemos desde el feminismo antiespecista “porque este sistema de explotación animal patriarcal" — esta financiado y sostenido por tantas personas, entre ellas mujeres— la alimentación es uno de los lugares donde más violencia hay.


No importa que cuerpos de animales humanos consumas, tienes que saber que existen porque previo a ellos se exploto y violo el sistema reproductivo de una hembra.

Más allá de las polémicas, los argumentos están: ¿por qué luchar contra la violencia, explotación y consumo que sufren algunos cuerpos y permitir tranquilamente el abuso sobre otras?


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Escrito por:

Anonimo.


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