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Ser mujer trans en el feminismo

Actualizado: 10 mar


Cuando se habla de feminismo, tengamos o no experiencia en ello, es probable que tendamos a hablar de éste como un ente que nos identifica a todas, como un movimiento que nos abraza y nos compete a todas.


La realidad es que hay que hablar de feminismos en plural porque es necesario reconocer la diversidad que hubo y hay dentro del movimiento desde sus inicios.


Hay que reconocer los distintos privilegios y opresiones que se tienen dentro de esos feminismos y hay que aprender a abrazar a aquellos feminismos que sentimos que no nos representan en su totalidad; es decir, comprender nuestra condición en la sociedad, así como respetar y defender a aquellas luchas que pueden venir de lugares muy distintos a los propios, con todo y sus similitudes.


¿Has escuchado el término “feministas indígeno-excluyentes” o “feministas pro-violadores”?

Nosotras no. Pero sí conocemos el feminismo trans excluyente, cuya base teórica provoca la exclusión violenta de las personas trans así como sus identidades y experiencias.


Debido a que ese discurso existe, decidimos entrevistar a Andrea Odessa, una mujer trans que, en sus palabras, se siente motivada todos los días “por el mero hecho de sobrevivir”.


Abrirse a la interseccionalidad


Andrea es diseñadora gráfica y tiene 38 años, se dedica a la animación digital y tiene 15 años de experiencia en el ramo. Solía identificarse como feminista antiespecista y ahora siente que le queda grande el nombre, pues en este momento lleva sus acciones a nivel personal.


Pero no todas las mujeres trans tienen acceso a un trabajo digno, el 80% de las mujeres trans en México consideran que ser persona LGBTI siempre, con frecuencia u ocasionalmente ha sido un obstáculo para acceder a un empleo, acorde a cifras del diagnóstico nacional sobre la discriminación a las personas LGBTI de 2018.


Andrea estuvo varios años en acciones feministas, antiespecistas, y de identidad de género en la comunidad LGBTQIA. Es fundadora de Transdimensional, un espacio digital que ofrece recursos y una retórica positiva para personas trans y no binarias.


“Aunque suene exagerado, sobrevivir me motiva a seguir. Desde que empecé mi transición me empezaron a rozar ciertas violencias a las que antes no estaba sujeta, pero son violencias muy parecidas a las que sufren otras personas como las mujeres cis” explica Odessa.


Dice que el empujón dentro del activismo se lo dio el antiespecismo, pues ya no quería quedarse como feminista antiespecista sino militar en otros movimientos para aprender e integrarlos a su vida y su personalidad.


“Tenemos que hacernos responsables y entender los mecanismos de opresión para no reproducirlos”

Su transición la empezó a los 32 años, y dice que la mayor parte de sus privilegios se deben a que hizo su transición a esa edad, “es muy triste que tu entorno y las personas te orillen a eso, a no poder vivir tu identidad de manera plena”.


Andrea creció como un niño y tenía problemas para socializar, roces que no externaba pero los vivía en lo cotidiano. No sabía qué significaba ser una persona trans y dice que hasta tenía esa envidia infantil de no crecer como ella quería, de querer juntarse con niñas y convivir con ellas, pero en aquel entonces no contaba con las herramientas para identificarse como mujer trans, “no sabía que se podía y claro que no tenía ni la información ni el acompañamiento” explica.


“Conocí al feminismo cuando empecé mi transición, simultáneamente al antiespecismo y todo lo relacionado con temas sexogenéricos de la diversidad LGBTQIA, fue todo al mismo tiempo pues mientras iba avanzando en mi transición me iba enterando de todo lo que pasa, así fue también como conocí los choques que tienen ciertos bloques feministas con las personas trans y la importancia de la interseccionalidad”.


Nos platica que el feminismo la recibió con los brazos abiertos, y con una sonrisa recuerda que empezó a aprender y a desaprender, pues se dio cuenta que ella también tenía un equipaje lleno de sesgos, que ella también podía ser racista, especista, patriarcal, “fue ahí cuando conocí la famosa sororidad, cuando experimenté este hermoso mecanismo casi exclusivamente femenino en el que hubo lugar para que me equivocara y me enseñaran, me acompañaran en esto sin tanta violencia”.


“Aprender desde el acompañamiento sororo me ayudó a deshacerme de violencias culturales y familiares que yo misma traía”, recuerda.



La problemática de ser mujer trans en el feminismo


Andrea dice que no pasa un día en el que no se pregunte por qué tiene que haber un antagonismo tan marcado de ciertos grupos que deberían tener, por lógica (al llamarse feministas) un trabajo hecho, al menos de identificación de violencias, “se me hace increíble cómo es posible que puedan reproducir este mismo tipo de violencia de la que son sometidas”.


Como mujer trans ha logrado identificar que la transfobia no viene sola, sino que viene acompañada de racismo y hasta clasismo. “Es un feminismo que hace ruido, en lugar de estar haciendo exclusiones debemos formar alianzas, no hay tiempo para el ruido, entiendo que debe haber espacios separatistas pero no debe haber movimientos separatistas”, comenta.


Al preguntarle si el feminismo la representa, su respuesta esclarece su posición: “Sí, pero no puedo hablar del feminismo como una entidad homogénea, porque hay feminismos y hay aspectos del feminismo que sí me representan, y si yo hablara de un feminismo sin este ruido intencional transfóbico podría responder que sí, que parte del feminismo me representa. Porque no se trata de que el feminismo me represente toda y represente todos los aspectos de mi vida y creo que eso es lo que están haciendo los grupos de odio. Se trata de añadir experiencias mías y experiencias plurales a una experiencia colectiva, para que aprendamos a qué podemos ser sujetas las mujeres dado nuestras diferentes etnicidades, condiciones sociales, genitales, etc.”


Sin embargo hay luces dentro de esta ala tan sombría, pues al tratarse de un discurso de odio que se expone de manera ambigua; como un mecanismo para adherir a más personas a dicha rama en un mundo cada vez más intolerante a los discursos de odio per se, también hay mujeres que solían identificarse como feministas radicales, radfems o feministas trans excluyentes y gracias a personas como Andrea y personas que se atreven a confrontar dichos mecanismos han decidido reconsiderar su postura y posicionarse finalmente como feminista transinclusiva.


Sobre ello Odessa hace memoria “a veces me pongo a llorar por este tipo de cosas, hubo una chica a la que recuerdo en particular quien recapacitó y dijo que estaba dirigiendo su enojo hacia abajo en lugar de hacia arriba, por decirlo de alguna forma, y agradeció a aquellas que la confrontamos”.


Andrea explica que se habla del trans-activismo como si fuese una profesión o un hobby de personas con mucho tiempo libre o mucha buena onda, “cuando no es así, es algo que me involucra directamente”.

La interseccionalidad entre el feminismo antiespecista y el feminismo trans inclusivo


“Este tipo de feminismos (el antiespecista y el trans inclusivo) existen para ayudar a aquellas identidades o corporalidades cuyas voces han sido oprimidas”, explica Andrea.


“No pienso que esté bien comparar, pero la realidad es que hay similitudes entre opresiones, y cuando ves una opresión a la cara empiezas a detectar otras, y aunque no seamos parte de la especie o el segmento poblacional al que se dirige y afecta este discurso de odio, creo que nos afecta a todas”.


Al preguntarle cómo detectar dichos discursos de odio - que muchas veces se disfrazan de intelectualismo - respondió que aunque son ambiguos, “es cuando una postura empieza a crear ruido o desviar la atención de las personas o sujetos menos privilegiados, de las causas legítimas. Por ello hay que aprender cuáles son las causas legítimas, aprender a escuchar a aquellos entes menos privilegiados. Y también saber hasta dónde estás dispuesta a denunciar, frenar, dar eco o confrontar los discursos de odio”.


“La clave es la empatía, entender que no todo gira en torno a nosotras y tratar de analizar cómo nuestras acciones entorpecen y dificultan la vida de otras personas humanas y no humanas”, finalizó.


Es importante abrir la conversación, nombrar estos discursos para identificarlos, para detectar las violencias que acarrean y recordar lo básico: estamos hablando de personas, no de conceptos ni personajes ficticios. Las personas trans son una minoría oprimida que necesita del feminismo tanto como el feminismo la necesita a ella.


Escrito por:

Angie Jiménez

Directora de Comunicación de Casa Animal

Lic. en Comunicación, emprendedora en Plan Raíz, eterna curiosa y amante de los gatos.



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